Una decena de personas han muerto y cerca de 1.000 resultaron heridas en las protestas originadas por un aumento de los precios del gas, que sumió a esta exrepública soviética de Asia central en una de las peores crisis de su corta historia como nación independiente.

Los habitantes de Almaty no salían el pasado jueves de su consternación ante el paisaje de coches calcinados, edificios en ruinas y casquillos de bala esparcidos por las calles de la principal ciudad de Kazajistán, un país poco habituado a esos estallidos de violencia.

Los manifestantes atacaron e incendiaron varios edificios administrativos, incluyendo el ayuntamiento y la residencia presidencial, de la cual todavía emana humo, constató el jueves un periodista de la AFP. Saule, una trabajadora de la construcción de 58 años, que participó en las movilizaciones, afirmó que quedó consternada cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los manifestantes.

“Vimos muertos”, contó. “De pronto, mataron a diez personas”, agregó, aún pasmada por la escena. En la noche, las redes sociales se llenaron de videos en los que se oyen gritos y ráfagas de armas automáticas y se ve a personas huyendo, después que las autoridades lanzaran una operación que calificaron como “antiterrorista”.

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